¡Mucha atención! Ya la tribuna está dispuesta. Hoy duerme siesta en un escaño un vividor que aplaudirá de su señor cada respuesta. Tu deber en esta fiesta es jugártela a un color.
Aquí no hay dado, ni casillas, ni debate. Prepara mate y que reparta suerte Dios. Va a dar comienzo este maldito disparate: la partida sin empate donde siempre pierdes vos.
Azul como el cielo en el que vuelan gaviotas de repuerca condición, que llenan el lugar donde se cuelan de caspa, falsedad y corrupción.
El rosa, que es el rojo más clarito, mascota de otro perro, qué follón, acude amaestrado al plebiscito en una traicionera coalición.
Me han dicho a mí que el amarillo es para los artistas maldición. Por eso no hay artista del bolsillo que use el tono del membrillo para su corporación.
Algunos lucharán por acercar su ficha al centro para fingir moderación y nos la clavarán si es necesario bien adentro con tal de mantenerse en su sillón.
Así es como la mafia del congreso nos la está dando con queso promoviendo una batalla cultural.
Y, mientras vos malvives arrendando un viejo piso defendiendo sus colores como un hincha radical, la casta del poder te tiene donde siempre quiso: cada día más sumiso, cada día más trivial.
Morao de futuro más bien crudo, morao que, en realidad, tiene un marrón.
Podemos confirmar que, al fin, no pudo y el ego lo llevó a la destrucción.
Ay, verde, que te quiero pero lejos. Ay, verde, que, en su extrema sinrazón, no deja de mirarse en los espejos del tiempo más vetusto y más cabrón.
Naranja, que subió a los Cielos porque era una barquilla sin timón y, así como la nieve en los deshielos, pronto estuvo por los suelos diluido en su ambición.
Algunos lucharán por acercar su ficha al centro para fingir moderación y nos la clavarán si es necesario bien adentro con tal de mantenerse en su sillón.
Así es como la mafia del congreso nos la está dando con queso promoviendo una batalla cultural.
Y, mientras vos malvives arrendando un viejo piso defendiendo sus colores como un hincha radical, la casta del poder te tiene donde siempre quiso: cada día más sumiso, cada día más trivial.
Tú sigue ovacionando al escuchar “¡Zurdos de mierda, tiemblen! ¡Viva la libertad, carajo!” sin ver que no se trata de derecha contra izquierda, se trata de vencer a los de arriba desde abajo.
Yo siempre me reí de aquella gente que sentencia “Son todos igualitos: lo peor de lo peor.” y ya no soy capaz de ver apenas diferencia por más que cambien de color.